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Longitud: 13 kilómetros. Tiempo total: 4 horas 50 minutos. Tiempo en movimiento: 3 horas 40 minutos. Desnivel acumulado de subida: 851 metros. Índice IBP: 96.
Hoy toca una ruta que nos ofrecerá unas vistas magníficas de Peñalara, parte de la Cuerda Larga incluida la Bola del Mundo, Siete Picos, Montón de Trigo, la Mujer Muerta, la Granja y más al fondo Segovia, pero para ello nos tocará sufrir un poquito hasta subir a la Peña Citores, lugar muy cercano a Peñalara.
La caminata se realiza por caminos y sendas que se pierden momentáneamente en la subida por lo que se recomienda tirar de track sobre todo en esta primera parte. Aunque la distancia no es grande el desnivel sí es acusado. Otra opción es realizar la ruta de ida y vuelta hasta Peña Citores desde Cotos, es más corta y el desnivel es menor.
Comenzamos en el Puente de la Cantina donde dejamos el coche sin dificultad a primera hora, en cambio a nuestro regreso había varios esperando para aparcar.
Desde ese momento hasta la Peña Citores el perfil es de subida, más o menos acusada, pero siempre realizaremos el principal esfuerzo en el primer tramo y apenas nos encontraremos a nadie. Combinaremos caminos, sendas marcadas, sendas no muy visibles con hitos que nos ayudan, lo mejor es llevar el track a mano para no despistarse. En muchas ocasiones nos detendremos y al mirar a nuestra espalda ya podremos contemplar las grandes siluetas que podremos observar mejor desde la Peña Citores y sus alrededores.
Las mejores vistas de la parte del Real Sitio de San Ildefonso y Segovia las tendremos desde un mirador marcado con un waypoint cerca del Refugio Peña Citores, desde donde el ascenso ya es más moderado.
A continuación podremos ver parte de los restos de trincheras de la Guerra Civil que existen antes de llegar a Peña Citores, punto donde tomamos un tentempié. Al lado de un hito emblemático situado encima de unas rocas disfrutaremos de las espléndidas vistas de Peñalara, Cabezas de Hierro, Valdemartín y Bola del Mundo, Puerto de Navacerrada, Siete Picos, Montón de Trigo y la Mujer Muerta.
Desde aquí podríamos alargar la ruta yendo hacia Peñalara, pero decidimos bajar ya hacia Cotos.
En el descenso nos encontramos un fortín circular republicano y la fuente de los Pájaros. El camino hacia Cotos es bastante concurrido y no tiene pérdida y se le conoce como camino de Peñalara o senda del Batallón Alpino. Recibe este nombre en referencia a los soldados republicanos que defendieron estas posiciones y que en su mayor parte provenían de grupos alpinos y montañeros, por lo que conocían perfectamente el terreno en el que se encontraban.
Al salir del denso pinar llegaremos a Cotos tras cruzar una valla de madera con un paso peatonal.
En Cotos, donde la afluencia de senderistas es enorme, tomamos el bonito camino Viejo del Paular hasta llegar a una pista asfaltada que abandonaremos pronto para tomar a la derecha la vereda de la Canaleja que prácticamente nos llevará a nuestro punto de inicio. La bajada es agradable por la arboleda y la sucesión de arroyos que cruzamos, pero en invierno tened en cuenta que precisamente por ello nos lo vamos a encontrar muy embarrado. Esta última parte no es muy concurrida pero sí nos encontraremos a algunos senderistas y ciclistas.
Pasadlo bien si os acercáis.
A continuación añado una curiosa leyenda que he encontrado de Peña Citores, inserto también la fuente de donde la he obtenido. https://elguadarramista.com/2017/03/26/la-leyenda-de-pena-citores-y-dos-hermanas/
La leyenda de Peña Citores y Dos Hermanas Por Rosa Alonso
Peña Citores, con una altitud superior a los 2.000 m, se encuentra junto a Cuerda de Dos Hermanas (2.283 m) en Peñalara. Parte de muchas rutas senderistas, Peña Citores también cuenta con leyenda propia en la Sierra de Guadarrama. Este mes conoceremos la historia de amor truncada entre Leocadia y su enamorado de alta cuna.
En un tiempo muy lejano, las hermanas Raimunda y Leocadia vivían en el pinar cuidando de su pequeño rebaño de ovejas y cabras. La suerte de ambas había sido dispareja, pues Raimunda se había quedado viuda con seis pequeños, mientras que Leocadia disfrutaba de su soltería y belleza. Sin duda, era la joven más deseada de la comarca. Sin embargo, pronto iba a cambiar la suerte de esta linda pastora. Dicen que un magnífico día de primavera, cierto rey andaba de caza por el pinar acompañado de varios nobles. Nublado por el ansia de obtener la mejor pieza, el monarca se separó del grupo, galopando sobre su corcel. Durante la carrera, el caballo tropezó y cayó al suelo, lanzando de su grupa al jinete que portaba. Leocadia, testigo involuntaria del incidente, corrió a socorrer al caballero sin saber de quién se trataba.
Nada más verla, el rey se quedó prendado de la pastora y ella no dudó en corresponderle, cegada por sus modales y ricas vestiduras. Advertido por los ladridos de los sabuesos, el monarca comprendió que la comitiva se acercaba al lugar donde se encontraban los enamorados y eso supondría su separación definitiva.
Con elocuentes palabras y ocultando su verdadera naturaleza, el rey pidió a la pastora que le revelara el lugar en el que se encontraría al llegar el mediodía siguiente. La bella doncella acordó acudir a su encuentro en la cima de la montaña.
Llegado el momento fijado por los amantes, Leocadia esperaba con su mejor vestido a su caballero desconocido. El rey se presentó ante ella como en una ensoñación, montado a lomos de un magnífico ejemplar equino. Desbordada por la imagen que tenía ante sus ojos, Leocadia sintió temor al abrazarle y se echó a llorar. Comenzó entonces a rogar a la Virgen que la rescatara de esa situación que se le presentaba insoportable. Las súplicas de la temerosa doncella fueron escuchadas y dos querubines bajaron a socorrerla. Los ángeles sumen a ambos en un profundo sueño, que sin fuerzas caen al suelo. Cuando despiertan, Leocadia se encuentra en la celda de un monasterio rodeada de flores. Por su parte, el rey abre los ojos para descubrir que se encuentra en su palacio y ya es un anciano.
Para conmemorar esta historia de amor truncada, la montaña fue llamada con el nombre de Peña Citó-rex (donde se citó con el rey) y el lugar donde vivían Raimunda y Leocadia como Dos Hermanas. De esta forma, nuestros protagonistas siempre serán recordados en la Sierra de Guadarrama.